11 de julio de 2026

Acatenango: café a la sombra de un volcán

Ladera del volcán, Acatenango

Hay lugares donde el café crece; hay otros donde el café pertenece. Acatenango, en Chimaltenango, Guatemala, es de los segundos. Aquí las montañas suben hasta los volcanes y el suelo guarda siglos de ceniza volcánica: un terreno mineral, profundo, que las raíces del café recorren despacio.

Nuestra finca vive en estas laderas desde 1880. La llamaban Chalabal — "cueva del jaguar" en lengua maya — porque estas tierras eran territorio de jaguares. Hoy nosotros la llamamos la cueva del café.

Cerezas de café en la rama

El café crece entre 1,600 y 2,100 metros sobre el nivel del mar. A esa altura las noches son frías y la cereza madura despacio, concentrando azúcares que después se vuelven dulzura y acidez viva en la taza. La cosecha va de diciembre a abril: cinco meses de cortes selectivos, a mano, cereza por cereza.

En Acatenango el café no es una industria: es una herencia. Cuatro generaciones de una misma familia han aprendido que la montaña pone las condiciones — la altura, la ceniza, la neblina — y que el trabajo del caficultor es no estorbarle demasiado.

Mano cosechando cereza de café

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